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- 194 - no; pero elevémonos luego sobre las miserias de los hombres al sacrificio del amor. Nunca recibas favor que no agradezcas de co– razón y de labios: pero no recibas favores a que no puedas corresponder. Nunca des importancia al favor que has hecho, pero dásela y muy grande al favor recibido, por pequeño que sea. Debemos consolar al hermano en sus necesida– des y penas haciéndolas propias. Debemos defen– der su reputación si se puede, pero sin ofender a sus enemigos. Montes opina, que entre amigos e iguales, el lenguaje debe ser franco y claro; pero entiéndase primeramente, que la conversación para ser franca no tiene que ser ofensiva, y que la llaneza y ver– dad nada pierden cuando se presentan con atavíos corteses. Las personas malignas se burlan de nuestros defectos, pero nos elogian para que no nos enmen– demos. Muchos se precian de ser francos y abiertos en decir la verdad. Tal vez lo sean cuando se trata de decírsela al prójimo... pero en tratándose de ellos mismos <nunca se visten de luz» ... Sus frases no son otra cosa que proyecciones anormales del yo... • ¡Qué difícil es decir toda la verdad... sin faltar a ella!
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