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- 193 - Evita, pues, las palabras agrias, malsonantes, picantes y ofensivas. Las conversaciones honestas muestran la hones– tidad de las personas; pero las obras cariñosas muestran el corai'.ón educado. Hay en las casas religiosas muchas c 0 osas religio– samente ordenadas y a cadá uno confiadas; pero hay otras que dependen de la niayor o menor vo– luntad de los her:nanos. Procura no esquivar el socorro que puedas pres– tar al que lo necesite. Las almas educadas no excusan estas pequeñas atenciones y ay-tdas. No toleres que haga un anciano lo que a él le es difícil y te es fácil a tí. Devuelve alegremente los saludos corteses y no rechaces a qui~n te los hace. Muchos de ellos son santos si. se hacen santa– mente con pura _intención. Mostrar enfado y estarse esquivo sin motivo, no es de almas elevadas. Si .el motivo que tienes es liviano, no pretendas satisfacciones... Hay que reconocer que el corazón es muy hu– mano cuando el motivo es muy grande y la ofensa dolorosa; pero una mirada a las llagas de Jesús nos hará ver en aquella « divina elocuencia» con que hablan, !a « necesidad de( perdón». Demos, sí, tre~a al dolor, que es muy huma-
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