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- 190 - No litigues con hombres deslenguados a fin de no echar más leña a su malicia. < 1 > No te mezcles en negocios ajenos, ni perturbes el orden que tengan para sus funciones. Cada uno debe ocupar su puesto, y no ocupar el ajeno mientras no sea su deber. Las ocupaciones ajenas y extrañas nos agradan más que las propias: Es preciso tener la fortaleza y virtud bastante para no salir de nuestro deber. Es un encanto estar aficionado al trabajo... Las abejas en sus colmenas... La soledad es pesada cuando no se sabe en qué ocuparse... Las celdas son acumuladores de felicidad cuan– do se les cobra cariño y se gusta del trabajo. "El pueblo más feliz y más sabio fué aquel < 2 l en que se supo emplear mejor el tiempo. La parte más brillante de la sociedad es la me– nos ocupada y la más inútil. Todos los momentos de la vida van a llamar, a las puertas de la eternidad: «El nobis pereunt et imputantur,. (Marcial). La única avaricia que es permitida al religioso, es la del tiempo·. Cuando no se tiene este hábito de emplear el Non liliges cum homine linguato: non struas in ignem illius lig– na.-Eccl. 8. 2 Fué el pueblo Lacedemonio. Licurgo le acostumbró al silencio y al trabajo, de rnodo que con unos monosílabos despachaban los asuntos más graves. Economizaban tiempo y palabras para trabajar.
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