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- 188 - Para conducirse como reclama la caridad y la educación hay que revestirse de una gran serenidad de espíritu y de un amplio criterio de bondad. Hay que poner candados a la libertad de hablar con exceso, para ser justos. Como la línea es recta cuando todos sus puntos están en la misma direc-. ción, así el hombre es justo cuando todas sus deter– niinaciones se orientan hacia la verdad. Hay quienes callan mucho porque piensan mucho... El cuerdo y el sabio se hace amable en las pa– labras. Ol Hay que saber el arte de callar y de hablar a tiempo. Los grandes habladores no son admirados sino por los necios. Hay que aprender el arte de escuchar que vale más que el arte de hablar. En las horas de expansión no nos encerremos en un mutismo. Preciso es no olvidar la máxima del filósofo que dijo: Nunca me arrepentí de haber callado. ¡Qué largos arrepentimientos ha causado a veces una palabra inconsiderada! Se dice: « Yo no losa– bía». Este es un expediente que no deshace el mal. Las palabras no quiero... que te importa abren a las rencillas ancha puerta. Nunca debes olvidar lo que siempre se debe practicar. .. (1) Sapiens in verbis se ipsum amahilem facit.-Eccl. 20.

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