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- 174 - necesidad de sujetarse unos a otros en una Comu– nidad. Obedece el súbdito, pero no obedece el religio– so cuando a la fuerza se ejecuta lo mandado. El obedecer no rebaja, antes enaltece, a ejem– plo del Salvador. San Francisco de Asís, siendo fundador y Gene– ral, quería tener siempre un fraile a quien obedecer. El s:íbdito debe alégrarse de qJe le manden hacer algo en nombre de Dios. <S~rvive Deo reg– nare est •. La alegría de la obediencia se debe mostrar en el cuerpo y en el alma. El buen súbdito aparta la vista de los defectos del Superior porque sabe que hasta el sol tiene sus manchas El Superior no es infalible ni impecable, pero Dios ic revistió de su poder para que le obedezca– mos y sirvamos por sólo Él. · Los pecados del Superior no son ni norma de conducta ni nos desobligan de nuestro servicio. Puede un Superior ser muy pecador e impru– dente, pero al someternos a él por Dios, nos hace– mos como impecables y prudentes. No digas: pecador es como yo; también es lo que tú no eres: representante de Dios. Es intolerable echar en cara al Superior los de– fectos que en él descubre cualquier inferior. .. el polvo y el barro que arrojas sobre su rostro cae en el tuyo.

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