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- 167 - No hay ni un adarme de grandeza en el mando. La grandeza hay que llevarla o hay que hacer– la de su ejercicio ... El hombre no vale por la dignidad tanto como la dignidad por el hombre ... ¿Qué valdrán para el caso las sedas de Lyón o las telas de Bruselas que forman el vestido de una persona fea y anémica? ¿Acaso una covacha se transforma en palacio real porque la cubran de tapices de Damasco? Bosuet dice que todo lo que se añada el ho.n– bre para hacerse recomendable, no es una prueba de su mérito, sino de su miseria y pobreza. De la misma manera la autoridad con que tiene que autorizarse el hombre, si el hombre de suyo no tiene mérito, sólo prueba su pobreza personal. Envidia, pues, el mérito, y no envidies el pues– to... que al cabo, hasta la autoridad envejece, y no envejece el mérito ... y a la postre el mérito es in– mortal y la autoridad caduca y tiene su fin y aca– bamiento en la muerte... Allá van los señoríos derechos a se acabar. Sin embargo, desde que eres religioso has pro– metido someterte a un Superior, y la sumisión res– petuosa y educada reclama de ti vivir pendiente de la obediencia. < 1 > (1) ,Per votum obedientice religiosus proprire renuntiat voluntati et ut proprium velle aut nolle jam non habeat sed sese Prelati tradat guberna– tioni ad obtemperandurn in omnibus qure honesta, justa, et Regulre con– formia sunt». El voto de obediencia es el mejor y más valioso de los votos. Sto. Tom. 2. 2,ª 186-VIII.
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