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163 - súbdito; pero nótese que, si la falta está completa– mente extinguida, eso sería enojoso. Pide la equidad y la justicia que el Superior no haga llegar a oidos de Superiores mayores ni a los · de sus sucesores una falta sin verdadera necesidad y utilidad... Si el súbdito aparece reconocido, ¿qué utilidad ni necesidad hay de elevar a semejantes alturas los girones de una reputación? No hagás a otro lo que no quferas para tí... Semejante acusación, dice Lactancio, sería peor que l~ penitencia impuesta y en tal caso, la con– ciencia del Superior no podrá dejar de decirle: «Eso es una injusticia». Téngase en cuenta que los hombres se gobier– nan general mente por _la opinión más que por la realidad, y que la obligación de conservarles la fama es perentoria sin que exima de ella el más alto Superior. Debe cuidar, pues, el Superior que después de la enmienda no quede ni prevención ·en ei espíritú ni mala nota en el libro verde. La _justicia ejercida por él no es otra que una participación de la justi– cia de Dios. Deben des,aparecer todos lus recuerdos capaces de comprometer el porvenir de un súbdito. De otro modo la «justicia» sería escarnio del derecho. Lá corrección exige castigar sólo una vez la misma falta, sin retroacción ni aceptación de per– sonas. 12
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