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- 156 - cionan el placer de mandar a los otros, el derecho de exigir sus servicios, la vana satisfacción de atraer sus homenajes, el privilegio de encadenarlos a su séquito y de hacerlos servir de cortejo a su vanidad. (!) Por eso debemos recordar las elocuentes pala– bras de S. Tomás en orden a la designación de cargos: «Quidam non qurerunt eos in Ecclesire colum– nas erigire quos plus cognoscunt Ecclesire prodesse sed quos plus ipsi amant ve! quorum sunt obsequiis deliniti., (2. 2.ª q. 185art.1.) Capítulo V. De las correcciones y castigos La fuerza es un elemento neceEario en las so– ciedades humanas y a eso obedece el derecho de corregir y de castigar. La ley establece la armonía; su infracción causa el desequilibrio. La corrección y el castigo resta– blecen el orden, por lo menos a eso se encaminan. La pena es un agente de restauración. Pero nada hay tan raro como una corrección bien hecha, o una corrección bien recibida. A vec~s se cree imposible de corrección, lo que no se ha intentado corregir razonablemente. No es lo mismo ser incorregible que no corre– gido ... (1) Mr, Blaanchard. Escuela de Cost. Tom. 4, pág. 40,
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