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- 149 - Creen algunos actuar de hábiles ·creando en su derredor una como policía de información. Mila– gro será « que tales agentes no se con viertan en lo que en el terreno político, decía Tayllerand de los Embajadores: « Vir bonus peregre ni:ssus ad. men– tiendum reipublicée causa.» Con estos agentes se ejercita un rigorismo de vigilancia que hace odiosa la autoridad y engendra grande desconfianza. Establecemos reglas generales que pueden tener su excepción. Excesiva libertad Encuentra además, el cargo de Superior, otro terrible escollo. Un historiador pregunta, dice Valuy, ¿qué es lo que hace de los príncipes unos malvados? Y con– testa: 1. 0 La libertad que se toman para hacer lo que ·fe les antoja. 2. 0 Los medios con que cu~ntan para satisfacer sus caprichos. 3. 0 El desconocimiento de lós negocios en su verdad. 4. 0 Los malos amigos y consejeros. Los gobernantes tienen casi todas las pasiones de los hombres con todas las libertades para satis– facerlas; y sólo pueden ser, lo que deben, con grande y constante abnegación. < 1) Es cosa frecuente que el Superior busque jueces entre sus amigos, y se entregue en brazos de (!) In maxima fortuna 111i1¡ima Iicentia.
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