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- 148 - gla, tampoco se puede ordenar sobre ella sin grave razón y causa. < 1) Los que profesan una Regla se obligan a guar– darla, según el presente estado de las obligaciones, y no según el antiguo uso ya en desuso. Intervi– niendo la S. Sede no hay duda en esto. Exceso de habilidad Los Superiores pueden caer en otro vicio, en vista de las dificultades de gobierno. No deben pretender ser excesivamente diplo– máticos... ( 2 ) Es un gran inconveniente. Quien se sirve de ardides, trastorna el comercio humano, perdiendo el principal instrumento de prosperidad, la confianza... Muchas veces, por eso, aun los más hábiles, caen en un cúmulo de faltas y de pecados de ré– gimen. Hay que emplear la habilidad como remedio contra la malicia de los otros, pero no como veneno. Como la sinceridad de un Superior jamás ha de . degenerar en simpleza, la habilidad jamás ha de convertirse en astucia. (!) Suar. VII. X. VIIl.-6. -- Rod. m. XIX. 3. Naturalmente, no entramos aquí en el fondo de la cuestión de la extensión de la obediencia minoritica, ni en el asunto de relajaciones anti– canónicas.--Vide Piat. l. PatS. lll. cap. 11. (2) La propiedad característica de los diplomüticos era y es la des– confianza. Todas las miras de un Embajador, todas sus máximas, todos sus refinamientos tienden a un sólo fin: el de no dejarse engañar y engañar a los demás.--La Bruyere ,car!lcteres, X.

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