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- 146 - 5.° Cuando no dá ni el tiempo ni los medios necesarios. En el fondo de todo esto, dice el citado P. Valuy, ¿no se verá en algunos Superiores un principio se– creto de avaricia? No se quiere perder nada; se aprovecha con solicÚud de todas las ocasiones que ofrece alguna ganancia; se teme siempre que pue– da faltar lo necesario, y so pretexto de tales cosas no se vacila en arriesgar la salud y hasta la voca– ción del súbdito ... En este gobierno es fácil que los Superíores lle– guen a hacer más pesado el yugo de la disciplina y reducir el círculo ya estrecho de sí, en que volun– tariamente se ha encerrado el religioso ... Es fácil que llegue a exigir lo que es de con– sejo con el mismo rigor que lo que es de precepto, como si de un capricho personal dependiera el dar importancia a lo que no la tiene. A lo que aquí dice este prudente autor, quere– mos añadir de nuestra cosecha, que no sólo debe tenerse en cuenta el excesivo rigorismo; también debe evitarse ese apegamiento sórdido e irracional a rigideces de antaño, particularmente en Comuni– dades de mujeres. Porque en ellas se observa, har– tas veces, ciertas anomalías bien extrañas... y reñi– das con el verdadero espíritu de la ley. Grande rigidez literal y poca sumisión espiritual... Los cuerpos siguen la Ietra, pero el alma se vé alejada del sentido de ella... No reconocen intérprete ni autoridad. Su Regla dice, tal o cual cosa... Su letra

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