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- 144 - mismo ejercicio emprendido con buena y sincera voluntad! ¿Quién sabrá guardar el debido equilibrio entre los dos extremos de rigor y suavidad? ¿Quién pretenderá dar gusto a todos y sacar de ellos todo el partido posible? ¿Y quien en lo llano tropieza, qué hará en la sierra? Si al que le dan qué escoger le dan qué enten– der, ¿qué diremos de este negocio llamado por San Gregorio scientia scientiarum? Pero veamos de dónde provienen tales c;lificul– tades y se verá que nacen de varias fuentes. Primeramente el hombre se engaña con facili– dad y aun el Superior más rígido puede creer que no lo es tanto, y aun podrá llegar a acusarse de flojo. Por otra parte los más condescendientes quie– ren defenderse de esta inculpación; acusándose de severos. El que es propenso al rigor no encuentra nada tan digno y divino como la firmeza; se gloría de ello y con tal que se curnplá'n sus órdenes y se ob– serve estrictamente la Regla, cree haber dado rima a una obra colosal de gobierno. Le tienen muy sin cuidado las quejas de los súb– ditos; él quiere acreditarse de buen Superior por medio de un rigor ejemplar. Fácil es confundir la dureza con la firmeza. Puede confundirse la observancia perfecta y

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