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- 141 - causa en sus súbditos y gobernados, el espíritu edu– cado y magnánimo del gobernante. < 1 > Por de pronto, la autoridad no se ocupa ni se acuerda de las ofensas recibidas cuando toda vía no lo era. Sería enejoso y tiránico; < 2 > se complace en no tener ocasión de derramar sino su gracia sobre los súbditos... Exíjese, pues, de un gobierno ideal, amplio es– píritu de justicia, que es verdad y caridad, y un amplio espíritu de misericordia, que es generosidad magnánima que no escatima nada de lo que es bueno, para llegar suavemente a lo que es recto. De ambas cosas se forma el espíritu de eximia lenidad. «Spiritus eximice lenitatis», como se dijo dé los mismos primeros fundadores de la Cartuja San Bruno y Lanuino ... < 3 > (1) Una prueba admirable de magnanimidad nos dá el siguiente caso histórico: «Luis JI de Borbón fué hecho prisionero de los ingleses. Durante la prisión los grandes barones del reino cometieron desmanes, aprove– chándose de su ausencia. Vuelto al trono, el Procurador general presentó al Rey un memorial de perjuicios causados al Monarca... El generoso Príncipe dijo al acusador: Está bien; habeis pedido castigo para: ellos; ¿pero habeis tenido en cuenta y en registro también los servicios que me habían prestado? -No, mi Príncipe. -Pues es necesario quemar esos papeles... , (2) Luis XII, siendo todavía nada más que Duque de Orleans, recibió muchos disgustos y sinsabores de algunos nobles. Al ser coronado, hizo una lista de los Grandes que le dieron motivo de quejarse, señalando con una cruz el nombre de los comprometidos. Estos, temiendo una venganza feroz y viéndose perdidos, trataron de ausentarse de la Corte... pero el Rey les dió seguridad de vida, diciendo: «La cruz que yo he puesto _a vuestro nombre, no debe anunciaros la venganza, pues significa asi como la de Nuestro Redentor, el perdón de las injurias., (3) ,La Cartuja», pág. 22.

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