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- 186 - y le dió una grande cantidad de reli– Complacencia4túus, pastas de Agnus ricamente ador- del Papa. nadas y mucha cantidad de medallas y rosarios para que se repartiesen entre los reyezuelos convertidos y entre sus vasallos; y con esto se despidió nuestro P. José. Dejó éste á Roma, y dando principio á su viaje lo prosiguió á pie hasta Lior– na; aqui se embarcó en un buque pe– quefio, y á vista dt Génova se levantó una recia tempestad, de la cual solo la Omnipotencia le pudo librar, convirtíen• do en seguridad el peligro. Llegó á Gé– nova, en cuyo puerto se hallaba un na– vío de Holanda, y el capitán lo llevó de limosna consigo. Diéronse.á la vela con próspero viento; pero á breve rato divi– saron una fragata de moros y otros na– víos corsarios de estos. bárbaros, que cercaron el bajel en que iba el venera– ble Padre, por todas partes, para apre– sarlo. Destituídos se hallaban de remedio humano, pero no del celestial, que fué tan improviso y oportuno en forma de niebla espesísima, que á dos pasos no se veían unos á otros; y así, sin saber como,' se escaparon de entre las manos de sus enemigos; y aunque dos navíos de. éstos fueron persiguiendo el bajel .en que iba el siervo de Dios, no le pudieron apresar ni rendir, porque tom«ndo puer– to en uno de los del obispado de Alme- p ría, encontró en él la seguridad. Vuelve el . . A t p J , l . á Eopaüa. penas puso nues TO . ose OS p10S en Almería, se dirigió á Sevilla para po-
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