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- 161- ~--.-s.-:s.-s.-s.-s.s.s.&.:.S:,&,&,&,U . . mentos, pues, á no haberse hallado allí , . nuestros misioneros, hUbieran fallecido Sús trabajos ·muchos sin socorros espirituales. No ªPº st61 ic' 0 s, quedaron nuestros religiosos sin el pre- mio de su fervorosa caridad, porque el cielo se lo dió muy·. pronto, conserván- doles la salud tan robusta, que ninguno de ellos pad:eció el dolor más leve de cabeza, ni la menor destemplanza. Tam~ bién los hombres los premiaron, pues, al verlos tan extrafiamente entregados al fu,ego voraz de la epiderhi1;t, sacrifi- cando su vida. temporal, porque \sus prójimos asegurasen la eterna, crecía: cada día mas en ellos el aprecio que hi- cieron de los religiosos desde que llega- ron a11í, y los veneraban como á ánge- les venidos del cielo: ~ esto también los . obligaba el ver su desinterés y el des– precio con que miraban el dinero y las demás cosas temporales, sin querer ad– mitir sino aquello que ;precisa para el sustento. Y como en aquellos países era cosa tan extrafía también muy. poco usada la circunspección, modestia y re– ligiosa compostura, que admiraban tan común en iiuestros religiosos; ófan sus consejos y reprensiones, así en el púl: · píto como eh el confes6nario, con tanta humildad y aprecio, como si fueran proferidas por bqca de un San P~blo, de lo que provenía el mucho fruto que se experimentó en la reforma general de costumbres de toda aquella ciudad. R f 1 • a Como el cabildo Uamó á los capuchi- co 0 st~~:br~s. 0 nos andaluces no sólo para la conver- 11 f

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