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- 150 - ,--,-s-:--s-:--s-:--s-:--s-:--s-:--s-:--s-:-.:.s.--s-:-.:.s.-.:.s.-'"' cisco de Rada, y también don Diego Ló– se resuelven pez de Escobar, gobernador que habfa todas. sido de la Trinidad y la Guayana; los C;uales opinaron y determinaron después de una larga conferencia que los. misio– neros capuchinos podían segurísima– mente entrar á convertir los indios Cu– managotos y Piritus, puesto que no ha– bían podido entrar en la isla de la Gra– nada; y que esto era lo que debían hac.er por considerarse muy del servicio de Dios, bien de aquella pobre gente, y uti– lidad de la corona de España; y que ellos se obligaban á sacar de su Majés– tad y de su Consejo los despachos nece– sarios, informando de todo, para que en ningún tiempo se dijese que los capu– chinos habían obrado temerariamente, y de aquí les procediese algún perjuicio. Con todas estas precauciones y resguar– dos, que en aquel lauce fueron precisos, pasaron nuestros misioneros al Puerto de Píritu, término destinado para empe· zar su misión . Llegaron, pues, á Píritu, donde fueron muy bien recibidos de los indios, con tales demostraciones de voluntad y gus– to, que se pasmaron los religiosos. Allí empezaron con mucho éxito una misión provechosísima, bautizando indios, for– mando pueblos y edificando Iglesias, de lo que alarmado el enemigo común, pro– curó inutilizar el celo de aquellos varo- s 1 . nes apoetólicos, levantando contra ellos on ua umn1a . dos. tales y tantas calummas, que presenta- das .al Consejo de India, como acusado-

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