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-144 - navío; pero, viendo que se resentían, Se em.bar:can de esto los otros capitanes, accedió á que para España. dos se fuesen en las naves principales, , quedándose él con el P. Fray Diego de Guadalcanal y el hermano Fr. Blas de Ardales para llevarlos en la suya. En ella fueron todo el viaje asistidos y re– galados con la mayor devocion y cariño que se ha visto, mostrando aquel gene– roso capitá,n no solo lo magnánimo de su pecho, sino también lo amante de su co– razón para con los Capuchinos; echando á todos el colmo cuando llegó á Cádiz, porque como si no hubiera hecho nada en el viaje, dió cuatrocientos pesos de limosna para la fábrica del convento, de aquella ciudad. (Id. 133) Dispuesto ya en la forma referida el viaje, se despidieron los religiosos de to– dos los devotos y amigos que habían granjeado en Cartagena, y dándose á la vela el día 12 de Junio con feliz viaje lle– garon á la Habana, donde hallaron or– den de aguardur la flota d.e la nueva Es– paña, para que todos juntos se viniesen, la cual llegó á los quince días. En esta flota que he\llos dicho que esperaron los Galeones en la Habana vino el Ilustrí– simo Sr. D. Juan de Palafox Obispo que había sido de la Puebla de los Angeles, y pasaba á serlo á Osma en España, el cual así que supo que en la Habana ha– bía Capuchinos, envió á llamarlos, por- s . que era sumamente devoto de ellos; e detienen , en Cuba. lnzoles muchas honras y favores, con- versando con ellos con mucho consuelo
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