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- 142 - ~.:S.-.:S.-.:S.--S:-.:S.-.:S.-.:S:,.:S.,~.:S:,~ lez, este con salud robusta, pero aquél, Orrlena N. P. además de ser muy anciano, tan opri– aenernt que mido dfl achaques que estaba muy aca- vuelvan todosb , ' Bdo. Poco después Je haberse ido el padre Fr. Gaspar de Sevilla, llegaron á Car– tt:1gena otros galeones, y en ellos vino orden del P. Fr. Bernardino de Granada Provincial de Andalucía, y del P. Gene– ral Fr. Inocencia de Catalagirone para que todos los religiosos se viniesen á Es– paña donde se discurriría proveerlos de otra misión en que híciesen más frutos y se aprovechase más en la salud de las almas. Recibieron los dos religiosos de Cartagena: estas órdenes, y juntamente con la que h.abía. dejado el P. Fr. Gas– par de Sevilla las remitieron á San Se– bastián de Uraba el P. Fr. Diego, pidién– dole que cuanto antes se pasasen á Car– tagena para lograr fa o~asión de volver á España en aquellos Galeones. Recibió el P. Fr. Diego esta orden, y no es posible ponderar el sentimiento que llenó su corazón, al ver que le man– dabnn npartarse para siempre de aque– llos indio.a;, á quienes como á hijos que– ría. Vacilaba su corazón como combatida nave entre hinchadas ondas de confu– siones conside'rando por una parte el desamparo de aquella miserable gente, y por otra· la obligación en que se halla– ba él de obedecer; pero conociendo que Sentimiento la obediencia es norte segurísimo para del P. Diego. salir bien de las mayores borrascas, se– renó las que en sli alma se habían levan-

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