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- 138 les faltaba sino espirar; pero el P. Fray Este los reci- Diego que tenía ya noticia de que ve– be Y obsequia nían, los recibió carifi.osamente, hízoles runchos agF-tsajos, dióles de comer de lo que les tenía prevenido y les hizo todos los obsequios posibles. Permitió Dios que los indios matasen en aquella oca– sión un venado, y como ellos por sus supersticiones no lo comen, se lo traje– ron todo al P. Fr. Diego, el cual tuvo con eso para regalar á sus amantísimos huéspedes. A los dieciocho días se vol– vió el P. Fr. Basilio á su misión del Dariel con el hermano Fr. Francisco, y el P. Fr. Diego quedó sólo como antes, muy pesaroso de la. ausencia y amable compafiía de los dos misioneros con qlJienes tuvo gran consolación su espíri– tu; y ésta fué la única ocasión en que pudo confesarse en dieciocho meses que vivió aHí sin compañero. (P. Cord. Ms. 120). Entre tanto estaba en Cartagena el P. Fr. Gaspar de' Sevilla investigando todas las cosas que pasaban en la· mi– sión, proveyendo desde allí lo que juz– gaba más conveniente; y conociendo que de los ocho religiosos que habían quedado estaban todos enfermos sin po– d.er cobrar la salud perdida, menos el P. Fr. Diego de Guadalcanal, y el her– mano Fr. Bias de. Ardales, y que estos estaban separados cada uno en su pue- . blo con grandísimo desconsuelo de am• Orden del p. b h 11 . d d J bl Prefecto. OS, por a arse pnva OS e a ama e compafi.ía de los religiosos; dió orden de
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