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---: 13ti - ~S:-.:S:-:S:-.:S:-.:S:-.:S:-.:S:-.:S:-$:-S:--S.--S.-:.J aunque estaban alentadas de, las genero- Enferma. sidades del espíritu no eran de bronce, sucumbieron á la continuación de la fa. tiga, sobreviniéndole unas calenturas pe– nosísimas, mal que se hacía más aflicti, vo por verse sin m.édico que le asistiera, sin compafiía de amigos, en un páramo desierto y lejos de todo alivio humano. Grandes fueron los trabajos, soledaa y pen1:1s que el P. Fr. Diego, sufrió en es– ta enfermedad; porque si había de co– mer alguna cosa, la. tenía que guisar él, y esto de un día para otro, siendo lo or– dinario cocer hoy un poco de pescado paí·a comerlo mafiana. Con esto se le agravó al P. Fr. Diego el accidente de · modo que fué preciso enviar á Tucuna– ca un indio para que le avisase al her– mano Fr. Bias, pidiéndole que pasase á San Sebastián á poner cobro en las cosas de la misión, por si Dios se lo llevaba. Vino el hermano Fr. Bias, y quiso Dios que á los pocos días le faltase al Padre Fr. Diego fo calentura, que nunca más le repitió, y, viendo la mejoría, se volvió Fr. Blas á su pueblo. A esta- sazón llegaron á Cartagena siete religiosos Capúchinos de la provin– cia de Castilla, para hacer misión en Dariel. Venía entre ellos el venerable siervo de Dios Fr, Francisco de Pam- . piona, que era el que la tal misión ha– bía solicitado; y todos fueron con fra– Nuevos misio ternal amor y gran caridad hospedados nero.s, en Cartagena por el P. Fr. Gaspar de Se– villa, prefecto de la misión de Uraba. y
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