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- 220 - mero de religiosos que lo acompañaban Su devoeión y los muchos que en otros conventos de al via-crucis. la provincia los hacían, que impaciente el común ene.migo, no pudiendo ya 'SU· frir el tm:mento que le daban con estos ejercicios santos nu!3stros religiosos, trató de impedirlos. Fué el caso que el Padre Guardián dió permiso para que los hi– ciera.u los jueves en la noche, y al prin- _ cipio se complació mucho ei1 ellos; pero habiendo observado el mucho tiempo · que duran y el sumo trabajo con que se hacen, movido sólo de la prudencia hu– mana llegó á formar escrúpulo sobre si cumplía con la obligación de Prelado en permitir que sus súbditos se expusiesen á perder la salud; y tanta guerra le hizo este reparo, que lo obligó á mandar que ningún religioso acompañase al varón ,de Dios y que éste los hiciera solo, lo cual sintieron de verdad los religiosos; pero él los consoló;diciéndoles que des– pués se seguirían, como así sucedió. Era tanto el deseo que tenía porque la prác– tica de _estos santos ejercicios se difun– diese y radicase en 'todos los conventos de la provincia, que aconsejaba á los religiosos y aún á muchos seglares que los hiciesen, manifestándoles las grandes utilidades que por medio de tan santo empleo se consiguen. Del intenso amor que á Dios tenía, se infiere con claridad cuánto sería el que á sus prójimos profesaba, máxime con Su earidad. los enfermos. A éstos no sólo los visitaba cariñoso luego que volvía al couvento,
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