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- 227 - y susto, aumentándose éste cuando ha- lló en sus manos l"a cruz hecha pedazos. Efectos que · Sueño fué sin duda el que tuvo don que causó. Gabriel; pero, si no lo tomó corno reali– dad, tampoco quiso despreciarlo, antes sí, juzgando que tenía algo de misterio– so, lo recibió como aviso misericordioso del Ciel 1 .>, por lo que dando <le mano desde aquella hora á los placeros y en' tretenimieutos mundanos, trato de dar libelo de repudio á las riqUE,zas, honras y dignidades, con que embelesa el mun– do. á los que ciegos se dejan engañar de sus nocivos halagos: y para poderlo de una vez conseguir, deliberó vestirse en realidad el hábito que se le propuso eu s11eños. Ooutaba ya de edad natural veinte y ocho años, y auuque era con– sumado teólogo y se hallaba con unos beneficios y t.:On rentas inuy bastantes para conservar la decencia correspon– diente á su calidad y al Sacerdocio, movi– do de superior llamamiento se fué al c-onveuto de capuchinos de Sevilla, y hablando al Rvdo. Padre Guardián le manifestó sinceramente el ánimo y re– solución en que se ha.liaba. Oyólo el prudente Prelado, y con la precisa cau– tela que pide semejante asunto, y más con tales sujetos, le dijo que dejase pa– sar algunos días, en los que debía prac– ticar tales y tales ejernicios, pal'a hacer experiencia, si era verdadera su voca- ción; que en el interín s1, dispusiese á . h f .Ó ] d ]l' , Pide el háb1- acer una COil' es1 n genera , y e a 1a to capuchino. algunos días volviese. Era Guardián
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