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- 215 - ésta confiaba tener alientos para em- presa tan gloriosa. Mari.dóselo el Pre. Se despide de lado, por lo qne de nU6Vú le dió las de- 111 Comunidad bidas gnwias, y haciendo en sus manos el desapropio, como quien iba á morir, le pidjó licencia para repartir entre sus hermanos aquellas cosas que había te- nido á su uso. Ooncedióle el Prelado lo que pedía, y subieudo juntos á su celda, lo repartió todo. quedándose solo con el hábito, cuerda y pafios menores; lo cual, visto por los Religiosos, le dijeron llevase siquiera más ropa interior para tfmer con que mudarse, á lo que res- pondió: «Para lo que he de vivir, bas- tante llevo, no necesíto más>); y par11ció haber habla<lo proféticamente, come ve- remos después. (P. Oórd. Orón. de Ant. 148.) Todos los demás Religiosos llenos de santa emulación y envidiando la dicha de los dos á quienes tocó en primer lu– gar la suerte, esperaban que la ausencia del hermano F'ray Laureano le propor· cionaso á alguno de ell:>s el logrn de sus ansias; porqne aunque siempl'e las tu– vieron fervorosüs, viendo las disposicio– nes religiosas con que el P. F'r. Dionisia se estuvo preparando todo el día, para entrar el siguiente eu la palestra, se enarrlecieron tanto, que no apetecfon otra cosa, sfoo que no llegase el Corista ~iastfa~que hubiese salido el P. Fr. Dio– nisia con el nuevo compañero que le P l b , Í I ll J [ Descttn todos tocase. ero 1i:l 1eur o aque_ ega(10 a acompañarlo anochecer, se mitigaron los fervores de

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