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- 131 - la pobreza, ej,erdten1a y :abrácenla d,e tal modo que no maten el espíritu die la humildad y de ,la cari– <lad. Y si pir,etenden &r:me gusto procuren con cuan– to esfuerzo les sea posible poseer mi divino ,espíritu, que es bueno, amoroso, afable y dispone sua,vemen– te· todas las cosas, cuya :asistencia l,es administrará sin dificultad lo, que es necesario pa:ra observar la Reg1a perfectamente.n «Tú, oh Juan, porque desde ,el principio de tu vocación me h:as estado siempr,e pidiendo que te asista, con este mi ,celestial espSritu .pa,m que puedas guardar tu Regla con perfeccion, 'has merecido un :tan singular beneficio ele su miserciovdia como el de no :haber pemcfo jamás contra ningún precepto o .consejo de 11a Regla ,evangéHca. Oamioo, pues, por <!onde ,empezasrt:e; prosigue tu obra, pam que últi– mamente consigas el premio y la ,corona que se de– be a la persevernnda. n Pasó Cristo Nuestro Señor :al tercer capítulo y <lijo :así: «Quiero que entienclas que en los profeso– res de esta RelÍgión nada pretendo más q11.1e el ver– los totalmente confiados en mi demencia, y que aquéllos me obligan a más :amor, que poniendo en tní toda su esperanza y todo su pensamiento, pen– den d,e mi piedad sin otro refugio. Estos son los · que favorezco y a los que abrazo por hijos carí– simos. Y al contrario, llevaré mal que los Religiosos. que profesan guardar aun los. consejos evangélicos y que deben estar pend'fontes de mi providencia por su Instituto, desconfiando de ella y olvidándos.e ae la amonestación de su Santo Pad:re Francisco, que
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