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- IOÓ- v1eJo navío, el primero qrue· hacía a. la vela, y oon 1a confianza puesta en Dios y rebosand~ alegría, llegó felizmente a las costas de América; mas al lle– gar a la desembocadwia ~el Orinoco, una furiosa tempestad puso en inminente peligro al navío y a 1a tripulación, y hubieran perecido probablemente si el P. José no hm,biera recurrido a la Santísima Virgen, por cuya mediacioo se ~almó, el mar mila– grosamente, pudiendo continuar el viaje. Habien– do desembarcado, se dirigi6 al país llamado de los Caribes; deseoso <l,e convertir almas y derramar su sangre por Jesucristo. Son los ((Caribes» hombres de complexión fuerte y estatura gigantesca, revelando en el rostro, en sus modales y en el tono de la voz sus instintos sanguinarios; viven en las selvas ,entre las fieras, semidesnudos, sin 1leyes y sin orden, en– teramente abandonados a los feroces instintos d'e su brutalidad. Dedícanse a •cazar fieras y hombres ex– tranjeros que por allí pasan, especialmente a los blancos, :eu\Ya carne comen con sabroso placer. Lleno de intrepidez, se presentó entre ellos el Padre José, pero antes que empezara a instruirlos , en las verdades ,de la Religión, fué pr-eso y puesto en una cárcel, donde le daban muy bien de comer, con objeto de qué se engorclara y sirviese después de exquisito manjar a su voraz apetito. Mas obser– vando los caribes en el prisionero ciertas señales extraocdinarias Je perdonaron la vida y más tarde le dejaron en libertad, venerándole como a un hom– bre enviado clel cielo, y subyugados por las virtu– des y por la ipersuasirva palabr-a del Misionero (que
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