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LA OIUCIO\'. 93 puede vivir mucho tiempo fuera del agua, que es su elemento propio. Y en este ele– mento (la oración), como el pez en el agua, estaba la Madre engolfada y abismada en la profundidad de los abismos de las per– fecciones divinas, en las cualas nadaba a sus anchas, penetrada y circundada por la majestad divina. En este elemento, como el pájaro en el aire, volaba alargando y exten– diendo las alas de sus deseos, elevándolos por encima de la tierra y acercándose más y más al cielo. Y así se la ha podido ver con frecuencia como trasportada, casi dejando la tierra para unirse a Dios. En este elemento, como el árbol profundamente enraizado en la tierra, tuvo una firme confianza en Dios, de la cual ninguna tentación ni ninguna tri– bulación lograron jamás desarraigarla, sa– cando siempre nuevas energías de la oración para ahondar más en la tierra de su nada por la humildad y cargarse de frutos por las buenas obras. E,n este elemento, como la salamandra en el fuego, halló su alimento ardiente, inflamada por el fuego ele la divi– na caridad, no habiendo tenido nunca más agradable refrigerio, que cuando sentía su pecho abrasado por el fuego del amor divi– no, que hallaba y alimentaba en la oración» 8 • El mismo biógrafo termina su comentario sobre la vida de oración con estas significativas palabras: « Puede afirmarse que las religiosas de la Orden ele Nuestra Señora son hijas de la oración, habiendo sido concebidas y forma: DE S,\INTE NLIRIE, Abrégé de la vie, p. 375-376.

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