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ma y piensa: ¿Se podrán unir en mis labios la Hostia Santn y los labios de este hombre sin sacrilegio? El beso que no es cariño, afecto sano, es ofensivo siempre del honor de la mujer. El más peligroso modo de engañar a la mujer es el que se hace en nombre del amor; desconfíe de esa palabra que tiene en su corazón un trono de rosas. No consienta un beso antes de tener seguridad de que se le cla por carif10 y no para robarla. Sepa que la joven tarda de– masiado en convencerse de que el beso pueda engañar. El joven que a los pocos días de conocer a una chica intenta ya besarla, manifiesta ser ladrón que quiere forzar la puerta. Trátelo como tal, se equivocarú pocas veces. Es preciso que la joven estime su belleza y la administre con tacañería. La joven fúcil para dar y ofrecer es desesti– mada de todo hombre serio y sano y constantPmente acosa– da por todos los sinvPrgüenzas. S1, quejan a veces las chicas ck• quP los hombrPs son «asquerosos», pPro quP piPnsen a ver si lo son sólo con ellas y por qué. La mujPr no debe sPr fúcil para dejarse besar ni por fa– miliarPs no demasiado próximos; el hombre es mús sensual y más malo de lo que generalmPnte piensan las jóvenes, y cuando no sea malo, Ps débil. Para estos casos tPngan prP– sente el refrán: piensa mal y acertarás. La candidez ha dado muy malos ratos a no pocas mujerPs. El miedo guarda la vifrn, dice otro refrán. Reconózcase la joven bocado codiciado de las pasiones del hombre, que aprovecharán toda ocasión. La pasión y el vicio no suelen respetar ley ni amistad cuan– do se sienten encubiertos.
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