BCCCAP00000000000000000000513

CON FLORES A MARÍA •1-l una tabla donde agarrarse y poder luchar. ;Dios quiera librarnos de trance semejante! Todo se dió por perdido, y, uno tras otro, los pasajeros iban pasando al oscuro seno del borrascoso mar. No había de ser inútil aquella devoción que nuestro Pedro tuvo siempre a la Virgen Santísima. Tal vez recordó los mil casos que: sobre las bondades de María, había oído leer en su niñez, cuando celebraba el Mes de Mayo; es el caso que Pedro Méndez tuvo entonces una súbita inspiración. Al ver el extremo a que habían llegado las cosas, tomó en sus manos aquel bendito Rosario cuyas cuentas tantas veces se habían desli– zado por sus dedos, se lo colgó al cuello, comenzó a rezar fatigosamente, pero con más fervor que nunca, a la Madre de todas las misericordias y, él no sabría decir cómo, pero el hecho fué que, habiendo perecido todos, sólo Pedro Méndez se encontró en la playa, sano y salvo, como si no hubiera pasado nada. Mira en torno suyo, y a nadie ve; mira a sí mismo, .y se encuentra con que todavía está pendiente de su cuello el Rosario ben– dito. No se podía dudar. Milagrosamente lo había salvado la Virgen. Oración final , etc., como todos los días. pág. 19.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz