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V81'1UOlizar desde los signos de los tiempos Muchas veces me han conmovido y arrastrado las Hermanas de la Caridad de la Madre Teresa. La mayor parte de ellas provienen de una India opri– mida, ignoran todos los lenguajes y no sabe uno de qué modo consiguen cruzar fronteras, meterse en los barrios más peligrosos, sin otro apoyo que el de un shari raido y su sentido de la Providencia. Ynunca parece faltarles lo necesario a ellas y lo suficiente para atender a quienes recogen. Han apren– dido a echar la red en nombre de Jesús y la pesca no se hace esperar. Y, sin embargo, me duele que millones de nuestros jóvenes hayan sido con– vencidos de que Dios no existe y de que Cristo, sin ser malo, no le llega a los hombros al Ché Guevara. Y, lo que es aún peor, los que objetivamente deberían ser antimodelos, se les ofrecen como meta a alcanzar. Me da ver– güenza reconocer cómo un país que tiene detrás de sí toda una pléyade de pensadores, de genialidades y de justos, que van desde el Quijote hasta Te– resa de Ávila, desde Pelayo hasta Gregario Marañón, se ha enfrascado en una literatura que, partiendo de vaguedades, exalta la ramplonería, la frivo– lidad y el dinero como los renglones básicos del éxito y la felicidad. Yexalta como paradigmas a vagos, maleantes, cursis, parlanchines y sujetos sólo de "buena pinta". No me estoy expresando como los predicadores de calamidades, no. Hablo de lo que a cada instante observo en los medios. Un ejemplo: en todas las librerías de los grandes supermercados, la gente se pelea por llevar a casa la biogra– fía de un tal Kiko, hijo de la cantante Isabel Pantoja. Tiene veinticinco años. El mismo confiesa que no ha buscado jamás trabajo y que no ha terminado los estudios de secundaria. Su fama proviene de ser hijo de "famosos", burlarse de muchachitas ambiciosas y soltar chistes de mal gusto. La biografía llega a las quinientas páginas. Me imagino que, por este camino, cuando llegue a los ochenta, Espasa- Calpe será poco para dar cabida a sus vulgaridades. ¿Son estos los modelos de la postmodernidad? ¿Atrae más un futbolista acostumbrado a las drogas que un eminente profesor de universidad? ¿Lla– ma más la atención de las nuevas generaciones cualquier maltratador de

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