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IV. •ANUNCIAR Al JESÚS DEL EVANGELIO se encontró con un ejemplar de los Evangelios. Aburrido de los discursos del día, decidió echarle una mirada al relato de Mateo. Le cautivó de tal manera que lo leyó sin pausa. Y al final se dijo que ya contaba con el mejor guión para su mejor película. Efectivamente, aquél contacto personal con Jesús le hizo ver su verdadero rostro. Su película, ciertamente, volvió a muchos a la fe. En América Latina algunos se han empeñado en presentarnos a Cristo como "el libertador" y otros como "el salvador". Pero hasta los más torpes hemos llegado a la conclusión de que quien salva también libera. YCristo salva cuan– do uno se acerca a Él e intenta vivir como Él. No teniendo nada era capaz de todo. Careciendo de "poder" arrastraba multitudes. No era complaciente con los viciosos y por eso, avergonzados, se apartaban de su vista. Los frutos que hemos contemplado entre tantos campesinos e indígenas que, puestos a leer el Evangelio sin explicaciones retorcidas, han termina– do valorándose y han unido fuerzas para reclamar respeto a sus derechos y oportunidades para cumplir con sus deberes, nos hablan del "efecto" Cristo sin lugar a réplica. Nuestros pueblos deben conocer al Hijo de Dios que vino a hacer visible al Padre, pero también al hijo del hombre que dignificó la naturaleza humana y fue capaz de anunciar la liberación de todo género de esclavitudes. "Si prescindimos de la historia de Jesús, nos ha dicho A. Patín, nuestra fe sería una experiencia subjetiva, o una gran ilusión, un sueño, una fantasía sin ningún fun– damento. Pero, para fundamentar nuestra fe, no es necesario tener una biogra– fía completa de Jesús. Sólo tenemos tener seguridad de que cuando confesamos nuestrafe en Jesucristo nos referimos auna persona real con una historia rea" en la cual Dios se ha revelado y ha intervenido para salvar a la humanidad'~ Debemos aprender de los Apóstoles. Cristo los envía por el mundo a anunciar la Buena Nueva. Y ellos entienden que no debe brillar ninguno en especial, sino el mismo Cristo, de quien todos se consideraban discípulos y a quien de– berían encontrar en los acontecimientos que aquella aventura les deparaba.
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