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204 16. Con los cantos, y silbos de los paxaros, tienen raros agueros supersticiones: vnas vezes dicen que pronostican enfermedades, muert o guerras, otras, que venidas, y entradas de enemigos, o de personase trangeras. Para adiuínar estos y otros acaezimientos, vssan del tabaco e humo: y assi-quando esperan enemigos, continuamente le están tornand. y sin tener motivo, ni rastro de noticia, vnas vezes dicen: que los enemi gos se estan preparando; otras qne ya ban marchando, y azercandose otras que ban por tal o tal camino: a este modo diçen y hazen infinitos d sfinos. Quandd han de salir a cazar ó a pe3car, tornan su tabaco en humo, p. ra adiuinar el parage por donde han de hechar, y adonde hallaran mas ca, za, pescado, etc. La Zeña para esto la toman de la zeniza del tabaco, o rumbo del humo, según el ayre que le impele: las mas vezes, les sale fa[( ble este modo de adivinar; pero no por esso dudan del, ni le omitiran po quanto ay. A los Peligiossos los tienen por grandes, y muy aventaxado Pinches: por haucrlos visto decir los euangelios a los entermos; y tem bien, por veer que leen y escriuen. Esto es para ellos, un prodigio inapela- ble, y en ofreciendose la ocassion, se pasman, juzgando que el papel les habla y dice todas las cossas. 17. En cierta ocassión, estaba vn Missionero leyendo vna carta, llegó un yndio á hablarle, y admirado de veerle leer, le pidió la carta. Diosela el Religiosso, y la tubo gran rato mirandola, y mirándola, y despues, se la volvió, diciendo: esta carta está muy enoxada conmigo. Preguntole el Mis- sionero la caussa, y respondió: que porque no le hablaba como a el, ni la dezia nada aquel papel: como te ha de hablar (dixo el Padre) sino saue tu lengua? con esto quedo el yndio muy satisfecho y contento. A otro Missio- nero le sucedio, preguntarle un yndio forastero, adonde paraba su muger, porque se le hauia huido, y andaba a vuscarla con mucho desconsuelo, y demas amas le rogó, que se lo preguntase al libro en que le hallo leyendo. Dixole el Religiosso, viendo su desatino, si su muger hauia estado en la población alguna vez y respondió que no: pues sino, dixo el Padre, ¿como quieres que la conozca el libro? Vete en buen hora, y vuscala, que el libro no sabe de ella ni yo tampoco. 18. Con esta respuesta quedó muy satisfecho el barbero, y se fué a vuscar la muger, detúbose en el camino, y encendió su tabaco: obseruo los mouimientos del humo, y segun su irnpulsso, hechó a campo traules- so, y a pocos passos la encontró escondida detrás de vn arbol: llebosela a su cassa muy contento, y credulo de qfle el tabaco se la hauia descu- bierto. Juzgasse con mucho fundamento, que el Demonio les traza a estos misserables los lanzes a gusto de su paladar, para tenerlos assidos, y zie- gos en sus errores. Al Gallo que canta a prima noche, le hazen mill males ó le matan: vnos les cortan la cresta: otros les pelan viuos, y otros los

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