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MISION DE LOS PP. RECOLETOS,—CAPITULO II 233 milias indígenas, con mil trescientas almas, y de noventa familias criollas, con novecientas personas. Encontré en poder de unos vecinos algunas imágenes de culto, muy deterioradas, que perdonaron los estragos de la guerra y la vo- racidad de las llamas. Entre ellas Santa Rosa, patrona de la parro- quia, que hace poco tiempo hizo retocar y vestir la señora Marta Cunibal e. Las señoras Luisa López y Juana Parayuacuto hicieron retocar y Vestir a su costa la imagen de Nuestra Señora de los Dolores. La se- ñora María A. Guzmán hizo retocar la imagen de San José. La señora Evachito Garrios hizo retocar y vestir la imagen de Jesús Nazareno, Y la señora Graciosa y otras, hicieron retocar y vestir la imagen del Seráfico P. San Fmancjco. Fr. Joaquín de Arenys, Capuchino.--Es copia. Santa Ros-a, 4 de febrero de 1023. Por la copia, Pbro. J. M. Guevara Carrera", La historia de este rico pueblo de Misión, después de la Guerra de la Independencia, o más bien desde que se retira- ron los Misioneros, nos da una idea de la suerte de otros mu- chísimos pueblos de las Misiones de Píritu, de Cumaná y de Los Llanos de Caracas; quedaron solos los indios, sin más auxi- lios espirituales que la visita del Vicario foráneo una vez al año, al hacer la fiesta patronal y administrar el Santo Bautis- mo, o tal ve, de un sacerdote encargado de cuatro o cinco Pueblos que no podía atender por la distancia y malos caminos. De lo cual resultaba la ruina de los templos, pérdida de los ornamentos y, al fin, la despoblación (1). 11. El año 1724, el P. Diego Camacho, dejando en Santa Rosa al P. José de Vega, pasó a visitar, en el mismo valle, la Misión de San Buenaventura, pues los indios Palenques, que con los Chaimas constituían la mayoría de estas dos Pobla- ciones, no se entendían con los Caribes y acordaron entonces los Misioneros fundar otras dos poblaciones, con los nombres (1) Algunos de estos pueblecitos tuvieron la suerte de recibir a los Misioneros Capuchinos, traídos a Venezuela en 1842 por el P. Ale- gría, y con esto lograron rehacerse, como sucedió en Santo Rosa de Ocopi con el referido P. Arenys; en Cantaura, con el Padre Nicolás de Odena; en el Pao, con los PP. Antonio Francisco de Barcelona y Nicolás de Igualada. Pero fueron muchos más los que se perdieron o llevan tina vida lánguida; porque en los paises católicos lo que da vida a los pueblos es el sacerdote, y una población sin culto al Padre de las Misericordias no puede prosperar.

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