BCCCAP00000000000000000000505
224 LOS FRANCISCANOS CAPUCHINOS EN VENEZUELA buen orden, que obtuvieron una famosa victoria, pues, cogie- ron cien indios prisioneros, entre los cuales estaban los prin- cipales caudillos, y con ellos se ajustaron las paces, quedando todos muy contentos en el pueblo (le San Pablo. Pero como era mucho el gentío, se acordó que los Guavires se fueran a poblar a sus tierras, para lo cual se les señaló como Misione- ro fundador al P. Sebastián Delgado, acompañado del Jier- mano lego Fr. Juan Villegas, lujos ambos (le la provincia de Andalucía, y compañeros del P. Matías Ruiz Blanco en la fun- dación de San Pablo, de indios Palenques. 6. Consagráronse con fervor los (los religiosos a la for- mación del nuevo pueblo COfl tan espléndido resultado, que al año ya tenían doscientas familias, y muchas bautizadas. TO(loS estaban, al parecer, muy resignados; sin embargo, no faltaron en todos los pueblos algunos descontentos que en reuniones secretas, celebradas a escondidas de los Misioneros, concibieron el proyecto de asesinar a todos. Un año gastaron en consultas para sublevarse, destruir las Misiones y volverse a los montes. Al efecto, despachaban mensajeros de noche (le unos a otros pueblos; dieron veneno a los indios principa- les, que eran adictos a los religiosos, y con agasajos procura- ron atraerse a los demás; por 'fin, señalaron el (lía y la hora (le la sagrienta ejecución, para que corriese por todos los pu bios, y comprometiendo a los Guavires para que, como más salvajes, fuesen los primeros que ejecutasen el pacto. Lle- gó el día 18 de juli.o (le 1680, y en la madrugada, cuando salía la luna, cercaron el lugar y la iglesia, en la cual estaban los (los religiosos, como corderos que en breve habían de ser sa- crificados. Luego se oyeron gritos que decían: Mctteinos a estos Padres u a lodos los demás, que son sus afectos, y siguen su doctrina. Y entrando en la iglesia corno lobos sangrientos, asaetearon al Hermano Fr. Juan Villegas por la espalda, cuan- do iba a buscar al P. Sebastián y darle cuenta del alboroto. Avanzaron los indios hasta él y le traspasaron el pecho con una lanza, y después, con una macana, le dieron tan recio golpe en la cabeza, que se la abrieron en dos partes, expiran- do en el acto a vista del P. Sebastián quien, al tratar de apa- ciguarlos, recibió también dos golpes en la cabeza que le qui- taron la vida. Saquearon después la iglesia y la casa de los
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz