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270 LOS FRANCISCANOS CAPUCHINOS EN VENEZUELA • Amistados éstos con los indios, se adelantan algunas veces con sus establecimientos, cuya trocha vaquera avanza mucho más terreno que el perezoso labrador, y con el abasto de carnes se vencen mejor las dificultades en estos paises que en ningún otro; pues, si les falta pan, no carecen del suplemento, y están ya acostumbrados a este alimento. Favorece mucho a todos, Misioneros y hacendados, e influye gran- demente en los indios de estas regiones la buena idea que tienen de Caracas, como se ve en nuestras fundaciones de Misiones nuevas y en los hatos de caraqueños que están en medio de ellas. Lo referido no es solamente para su noticia, sino para que lo se- pan los catorce Padres que han de venir de esa provincia, y más aún para conocimiento de los que están en el Orinoco. Para hablar de esto, tomaré el asunto desde el principio. Mandóme el señor Solano que remitiese Padres para hacerse luego cargo de las Misiones del Orinoco y Río Negro. En 1764 fueron en el número que me pedía; sucedió esto en el tiempo de Ja expulsión le los PP. de la Compañía de Jesús; después rae dijo que el señor Conde de Aranda había aprobado la referida providencia; a esto siguió la veni- da de seis clérigos de Cumaná a tomar posesión de los referidos pile- - bios; de éstos murió uno, y los otros se retiraron enfermos. Fueron después Padres de la Observancia, y murió un religioso; los demás es- taban enfermos al tiempo que llegó nuestra Misión de diez y nueve Mi- sioneros el año 1769. Pasaron de Caracas para el Orinoco, donde los recibió el Coman- dante don Manuel Centurión, y los hizo subir a todos a un pueblo que está muy arriba con gran quebranto de los Misioneros; avisado de es- to el señor Solano, escribió al Comandante, mandando que regresaran a Cabruta los religiosos que habían de tomar posesión (le dichos pue- blos. De esta acción, y de la de haberles negado a los Misioneros los ornamentos para decir Misa, llegaron luego a comprender lo mal que les podía ir, y los trabajos que habían de pasar. El Ilustrísimo señor Obispo de Caracas me dijo que el señor Cen- turión le había presentado una Real Cédula, para Proveer con cléri- gos las dichas Misiones; y, en efecto, fué esto cuando llegaron los cléri- gos de Cumaná, mandados por el señor Obispo de Puerto Rico. Por tanto, como puede suceder que nuestros Misioneros sean tra- tados como intrusos, o simplemente como suplentes de sacerdotes se- culares en dichas doctrinas.... ; y, por otras razones que omito, sería conveniente que nuestros Misioneros del Alto Orinoco se aplicasen a las Misiones vivas de este lado del río, y llevar las reducciones a ren- glón seguido, desde el Apure y Meta hasta el Orinoco; pues permane- cer en la situación cii que están. . . ., unos pierden la vida, otros la sa- lud y todos el crédito. •1
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