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MISION DE LOS LLANOS Y APURE.—CAPITULO XX 267 La indiada de este país parece ser numerosa, según lo acusa la muchedumbre de ranchos, casas y caminos por donde cruzamos, pró- ximos unos a otros; encontramos un camino en la montaña muy bien cuidado de tres varas de ancho. Hallamos muchos indios pescando en el Orinoco, con los cuales tratamos familiarmente; creo que se pueden fundar muchas poblacio- nes, pero se necesita entrar con gente para mayor seguridad. Los indios que nos acompañaron en la expedición, partieron lue- go en clase de comisarios con algunas dádivas para los del campa- mento, y para que hablen con sus amigos y parientes y les digan que no nos proponemos otra cosa, sino que se pueblen en su mismo país. Don Miguel Vázquez, Corregidor de los pueblos del Orinoco, tra- baja también en este mismo sentido. A esta preparación de ánimos seguirá la salida del P. Juan de Má- laga, a quien tengo entregada la fuerza de dos tercios de la que se me dió para que hiciera dicha entrada, y tratase de la fundación; el viaje lo hará en canoa y con poca gente, para que lo reciban (le paz y prepare la fundación. Atraídos los indios, se deberán fundar tres pueblos, que, junto con los tres que estamos fundando entre los brazos del Apure de la otra banda (Cunaviche), queda con este cordón cortada la tierra, lo que será bastante para obligar a los indios a la fundación, pues al ba- jar, como todos los años, a las pesquerías, tienen que tropezar con las fundaciones y tratar con nuestros indios, viendo ellos que están con- tentos y sus labranzas, se resolverán a poblarse, como ha sucedido otras veces. Todo el empeño ha de estar en consolidar las fundaciones que estamos haciendo, y en la creación de tres más que están en proyecto; de modo que, bien afirmados, puedan ser madres de otras nuevas. Para fomentar éstas, es preciso proveer dos escalas, a fin de que tengan donde recurrir los Misioneros en sus necesidades; sea la pri- mera la villa de San Jaime, que es la más a propósito, y donde recu- rren los Religosos Misioneros, ocupados en las tres actuales fundacio- nes, y donde podrán acudir los otros de las fundaciones proyectadas. Respecto que el P. Gregorio de Benacoaz, Cura Capellán y Funda- dor de dicha villa de San Jaime (1), ha demostrado mucho celo por las tres nuevas poblaciones, y exceptuando lo preciso al socorro (le sus necesidades, lo demás que le proviene de su curato lo aplica a be- neficio de los Misioneros que están con los indios en dichos pueblos; convendría mucho su permanencia allí, aunque en sus días llegase el caso de entregar al Ordinario esta villa, por no privar a los Padres, que están entre los indios, de este beneficio. (1) Véase el capitulo XVII, pág. 240 de este tomo.

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