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256 LOS FRANCISCANOS CAPUCHINOS EN VENEZUELA var la tierra, de donde les naze una suma fioxedad, pereza, y haraga- nería; toda su manutencion la fian en las frutas, mieles, y raíces sil- bestres, y a lo poco que pescan, y cazan con las flechas que son sus mas apreciables vienes; no tienen en su estimazion otro Dios que el de su vientre; pues comen con exceso increíble, sin recelo de gula, ni enfermedad; mantienen quantas migeres quieren, sin reserbar muchos de ellos, ni aun sus propias hijas: son dados extremadamen- te a la embriaguez, y mofanería: creyendo con facilidad toda espe- cie de agueros, falsedades y mentiras; para ellos la muerte, parece ser cosa indiferente, segun la facilidad con que se matan unos a otros, por medio de yerbas, y raíces benenosas, en las que procuran los padres instruir el conocimiento de los hijos; como así mismo en el ningun cuidado, que se les observa en sus peligrosas enfermedades, aborreciendo toda especie de medicinas, y de alimento sustancioso, qual se experimente en los brutos; siendo solamente sagazes y dis- cursibos para vengar sus odios y executar increíbles maldades, y en- gaño con toda especie de gentes blancas, a quienes siempre miran y aborrecen corno a mortales enemigos, desde el principio de las con- quistas de este nuebo mundo: Y en una palabra no se adbierte en es- ta tercera clase de Indios gentiles, propiedad, accion ni costumbre que casi no diga repugnancia a la racionalidad y natural ley, por cuia causa tienen en su primera reduccion mas parte las dádibas, agrados, y ofertas de humanas cornbeniencias, que la Ebangelica pre- dicacion, y luz en la observancia de los divinos preceptos; de cuja ceguedad, y brutales inclinaciones, que por acostumbradas tienen en ellos engendrada naturaleza, con otras que por acreditadas de la ex- periencia se omiten; podrá V. S. I. inferir y comprender los traba- jos y cuidados, prudencia y tiempo que necesitan, y padecerán los Misioneros para instruir en una vida criptiana, racional, y política a unos hombres tan biciosos, incapaces, y silbestres. 6. Las primeras diligencias que con ellos se practican luego que se traen a nuestras Misiones, es bestirlos, herramentarlos, y man- tenerlos de un todo; aunque con el trabajo y esperiencia de que tanto las ropas, como las herramientas de que se les surte, o las dan o las venden con ninguna estirnacion a qualesquiera que se las piden: en- señarlos antes a ser racionales de costumbres, como previo funda- mento para instruirlos despues en las doctrinas de Christianos; no apurarlos en género alguno de trabajo, ni aun para ayuda de su pre- cisa manutencion, ni menos castigarlos; pero si, suahemente repreen- derlos en los comunes bicios, y malas costumbres de su brutal natu- raleza; y por último precisa casi darles un pleno gusto en sus inde- centes bailes, y en quanto quieren para comer, vever, y engalanarse con cuentas, o abalorios, cintas, etc., en cuio asunto (le pedir son por- fiados y molestosos; y no practicandolo todo así los Misioneros; o se huyen a su gentilidad, que es lo mas comun; o se dan a comer tierra, • • •
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