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224 LOS FRANCISCANOS CAPUCHINOS EN VENEZUELA ___ y escribió secretamente al Consejo, y otra vez los mandaron regresar a España; gracias al Gobernador de Cumaná, D. Pe- dro de Brizuela, no se llevó a cabo tan injusta como impreme- ditada resolución; pues, enterado de las calumnias de que ha- bían sido víctimas los Misioneros, se opuso enérgicamente a su embarcación para España; sólo permitió que fueran los PP. Agustín de Frías y Francisco de Tauste a sincerarse ante el Consejo de Indias, el cual expidió una Real Cédula, fecha en San Lorenzo de El Escorial el 26 de octubre de 1662 (1), en que mandaba el Rey que continuaran los Religiosos Capuchi- nos de Venezuela en sus respectivas Misiones, y que regresa- ran los dos que habían ido a informar a Madrid, con doce com- pañeros más. Habiéndose levantado en 1670 los indios Gayones de la jurisdicción de Barquisimeto, causando grandes estragos y co- metiendo muchos crímenes de robos y asesinatos en toda la región, pidieron los vecinos, por medio del señor Obispo y Ca- pitán General, que fueran los Misioneros Capuchinos a redu- cirlos; fueron éstos, y en pocos meses reunieron a todos aque- llos indios en tres poblaciones que fundaron ellos: Yaritagua, Duaca y Santa Rosa (2); apenas se habían organizado estos pueblos, empezó el Teniente Gobernador de Barquisimeto a molestar a los indios y religiosos con gravísimas extorsiones, y como los Misioneros se defendieran, procedió contra ellos con imposturas y falsas calumnias. Cosa parecida sucedió después con los vecinos de la villa de San Carlos y ciudad de San Felipe; ambas fundadas por los Misioneros Capuchinos con grandes trabajos y sacrificios, pa- ra que sirvieran de abrigo a las Misiones, y después que estu- vieron constituidas y con muchos privilegios, se volvieron también contra los religiosos porque defendían a los indios contra las tropelías de malos cristianos. De todas estas denuncias salieron con ventajas los Misio- neros, pues provocaron en diversas ocasiones las visitas de los (1) Véase esta Real Cédula en la pág. 58 de este tomo. (2) Cf. págs. 86-88 de este tomo.
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