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220 LOS FRANCISCANOS CAPUCHINOS EN VENEZUELA en los ochenta y siete años que llevan desde su fundación, ha costado a los Religiosos Misioneros imponderables trabajos, sudores, afanes, contradicciones y sangre que muchos han de- rramado. Los gastos que para esto se han hecho han sido excesivos, Sin librar el Rey, nuestro Señor, para ello, cosa alguna, ni te- ner rentas, ni fondos para estos gastos; pues, como consta de lo referido, raro ha sido el año que no se haya hecho entrada a la reducción de los indios gentiles, y algunos años se han hecho dos, tres y hasta cuatro, en las que es necesario ocupar varios religiosos. En estas expediciones se suelen gastar por lo menos dos meses, y algunos años, tres y más, en cuyo tiempo se padecen indecibles trabajos, fuera de los malos ratos que ocasiona lo áspero y desapacible del clima, puesto que llegarnos hasta el cuarto grado de latitud en la Zona Tórrida, con caminos peno- sísimos, sin senda ni vereda, todo desierto e inculto, poblado de tigres y otras fieras, que ponen en manifiesto riesgo la vida. Hay que cruzar ríos caudalosos, caños y zanjones insonda- bles, quebradas peligrosas; pasar lagunas y pantanos dilatados a pie, con el agua a la cintura, al pecho, al cuello muchas ve- ces; siguiéndose, después de esto, montañas y breñales espesos, espinales tupidos de donde salimos desechos, así los Misione- ros corno los soldados que nos acompañan, por quedar los ji- rones de nuestra ropa entre las breñas y algunas veces nues- tras carnes. Añádese a esto lo ardiente del sol, que aflige mucho en estas tierras, la multitud de plagas de cinifes, niguas, variedad (le mosquitos, sabandijas e insectos, que ni nos dejan dormir de noche, ni descansar por el día; a lo que se agrega la mucha hambre y necesidad que de ordinario padecemos en estas ex- pediciones, y el temor de ser asaltados por los indios (como sucedió al P. Vélez), por las fieras, que a veces braman en torno del campamento. Y todavía se hacen más penosas por la incertidumbre del éxito, pues, como hemos dicho, no tienen estos indios lugar fijo, y nunca sabemos el paraje donde se pueden hallar, por-
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