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MISION DE LOS LLANOS.—CAPITULO XIV 199 Después se establecieron los limites entre esta ciudad y las de Barquisimeto y Nirgua, trabajo que costó mucho llevarse a • cabo, a causa de que los vecinos de Barquisimeto no se podían resignar a reconocer la nueva ciudad de San Felipe. Esta ciudad siguió a cargo de sacerdotes seculares; cuando los Misioneros la fundaron, nombraron como Cura Capellán al Presbítero Silvestre Rodríguez, y Coadjutor o Teniente Cura al Licenciado Páez, que había regentado el pueblo de Cocoro- te, y fué la causa de todas las intrigas que sucedieron después. El resultado de estos pleitos, que duraron más (le veinte años, fué la entrega al Ordinario de los tres pueblecitos de in- dios: San Javier, Tinajas y El Carmen; pues el P. Pedro de Ubrique no habla de ellos en la Memoria que, como Prefecto, presentó ci año 1758; y como quedaron agregados a San Felipe, sin cura doctrinero, se despoblaron El Carmen y Tinajas, hu- yendo los indios a los montes, para no ser reducidos a servi- dumbre. En 1768 no quedaba apenas nada de esas poblaciones. Fundada ya la ciudad de San Felipe a costa de muchos sa- crificios de los Misioneros, y con los fines indicados, no sólo no ayudaron los vecinos a las Misiones, sino que se propusieron destruir las tres que había en Yaraciy para apoderarse de las tierras de los indios; resistió, quizá con excesiva viveza, el P. Sebastián de Bayona, que era entonces Misionero de San Javier, y hubo con este motivo gravísimos disgustos y compe- tencia entre las dos autoridades, eclesiástica y civil, convi- niendo al fin el señor Obispo con el Gobernador, en que res- petasen las tierras de los indios, separando de aquella Misión al P. Sebastián; sucedio esto el año 1734, ocho años después (le su fundación. Más tarde volvieron los vecinos (le San Felipe a hostili- zar a los Misioneros, con motivo (le un preso que se huyó de las fortificaciones de Puerto Cabello y se refugió en la Iglesia del Carmen, pero esto no era más que un pretexto; a lo que aspi- raban los denunciantes era a que el señor Goberilador manda- se retirar de aquel valle a los Misioneros para repartirse las tierras cultivadas' de los indios, especialmente la arboleda de
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