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212 LA DIVINA PASTORA Y EL BTO. DIEGO J. DE C. sentido no vacilamos en insertar algunas poesías del apóstol, que enca– jan cabalmente en nuestro pensamiento. Anotemos que el beato Diego fué siempre devotísimo del Divino Pas– tor, ya porque en este místico oficio aprendía el celo apostólico que duran– te su vida desplegó por la salvación de las almas, ya también porque era el fundamento ·de su devoción favorita: Si Jesucristo es el Buen Pastor, su Santísima Madre debe ser la Pastora Divina de las ij)mas. Esta es la razón por qué tropezamos al leer sus escritos con la pa– rábola evangélica, en la que los pecadores están representados en ovejas descarriadas y nuestro Señor Jesucristo y su Madre Santísima aparecen ejerciendo su divino pastorado en busca de ellas, para defenderlas hasta dar su vida por su rescate y salvarlas. · A propósito de esta afirmación tomaremos de su opúsculo titulado , El Pecador a jesús y jesús al Pecador, algunas décimas, que enmar– can bien al cuadro que venimos estudiando. Habla el pecador a Jesús desde el abismo de sus culpas: Yo soy la oveja perdida, que por áspero camino al hombro os echasteis fino, porque léi hallasteis perdida. Por ella disteis la vida en un madero después; pues, ¿qué inconsecuencia es que la que Pastor cargáis, como Padre la tengáis en el cielo a vuestros pies? Misericordia, Señor, piedad, mi Jesús eterno, que me espera ya el infierno, si no lo remediáis Vos. Acudid presto, veloz, a esta oveja descarriada, que se fué de la manada y el lobo la tiene presa: quitadla, que está, aunque aviesa, con vuestra sangre marcada. Jesucristo, lleno de júbilo, al oir los ayes de la oveja descarriada, que suspira por entrar de nuevo en su aprisco, invita a todos los justos a con– gratulé;irse con El y a celebrar la conversión de un alma, que es uno de los gozos más excelentes del cielo , y les dice: A vosotros os llamo, ¡oh justos! a que el parabién me déis, , siquiera porque tenéis un Señor, que os dá esos gustos: se acabaron los disgustos, la oveja alredil volvió, ya, 0b pasado pasó, todo el amor se me debe, que dejé noventa y nueve por buscar la que se huyó. Seguidamente se dirige a la penitente oveja y, con bondadoso acento de·,padre y aniigo, la llama, intentando como preterir su cualidad de peca– dora, para darle aliento y que entre confiada en su redil, donde será apa– centada con el Dan de los ángeles: Y tú, humilde criatura , no ya pecador te digo, ven a tu Padre y amigo , que té aguarda con ternura. Si de mi mesa y dulzura algo tu pecho desea, aunque una migaja sea no me dejes de pedir, para que puedas oír lo que oyó la Cananea.
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