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El P. Agustín refiere la autodefensa del P. Pío, el E de octubre de 1937, autodefensa que haría, Dios sabe con que amargura interior. "Puedo jurar que ni yo ni mis hermanos religiosos hemos abierto de noche la puerta de la iglesia o del convento para introducir mujeres: creo que nadie puede atestiguarlo con certeza por haberlo visto con sus ojos". También el 15 de d:ciembre de 1937, "preguntado acerca de las sospechas que pesc.n sobre él, respondió ingenuamente que a él le basta el testimonio de su conciencia delante de Dios". Yel 29 de marzo de 1938. informado de las habladurías que corrían sobre su persona y de los fieles que en bandadas peregrinaban para verle, le cortó en seco al P. Agus– tín: "Trabajo por cumplir mi deber y agradar a Dios'! hacer bien a las almas. No pienso en otra cosa. Repruebo que se hagan peregrinaciones por causa mía. Quisiera que más bien se impidie– ra esta especie de comitivas, porque así no puedo cor.fosar como es debido'.'. Se alargaron hasta mayo de 1938 los dicharachos e investiga– ciones sobre su conducta moral, sobre alguna mujer "vista de noche en la plazoleta del convento e incluso entrar eJ la iglesia" también de día, "cuando la iglesia estaba cerrada hasta las tres de la tarde", y admitida en la iglesia por el mismo P. Pío "repetidas veces", y de una mujer que tenía una llave para entrar en la iglesia. El P. Agustín, en una investigación secreta, descubrió que todo era falso, promovido por una mujer chismosé.. El padre, preguntado por el P. Agustín, "sonrió compasivo al escuchar la diabólica trama". Por tal la juzgó su superior, el P. Rafael de San Elía~, después de haberlo controlado él personalmente en diversas ocas10nes. A primeros de octubre de 1937, el autor del Diario comentaba esta "trama diabólica": "El enemigo de las almas, que un día perseguía al padre personalmente con vejaciones de toda clase, continúa persiguiéndolo con otros mét.odos, engendrando sospe– chas en los superiores y en otros". En una locución misteriosa a Lucía Fiorentino, el 28 de agosto de 1923, Jesús habló de "muchas almas... consagradas" que, "con el pecado impuro" le renovaban la flagelación, incluso escondiendo "su impureza bajo modales de personas buenas y castas". La voz dijo: "La misión reparadora se la encomendé a tu Padre... ; por eso no debe sorprenderte si los enemigos os adosan al padre y a ti calumnias de impureza. Son los pecados impuros de los otros los que estáis reparé.ndo. Ysi el 240

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