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lugares en los que tejía su lanzadera cotidiana eran: celda, capilla interior, coro, biblioteca. En el silencio de la biblioteca ---mientras fuera gritaba el pueblo de San Giovanni, mientras la prensa voceaba- pasa– ban por las manos del padre libros y libros: la Sagrada Escritu– ra; la Divina Comedia; los volúmenes de la Historia de los Papas, de L. Pastor; de la Historia universal de la Iglesia católica, de R. F. Rohrbacher; de la Historia universal, de César Cantú. El P. Agustín le había aconsejado que llevara un diario. El P. Pío llegó solamente a escribir ocho páginas de un cuaderno: un minidiario espiritual, que va del 21 de julio al 15 de agosto de 1929. El P. Agustín le exhortó a que mantuviese con él corres– pondencia epistolar, habiendo obtenido ya el permiso del provin– cial, P. Bernardo de Alpicella. También el P. Bernardo le exhortó a escribir unas meditaciones sobre las principales festividades del año. El P. Pío no aceptó ninguna de las dos invitaciones: no le iba. Su ocupación tenía que ser la de: orar, callar, sufrir. Y le fue fiel. Segregación y limitaciones eran vistas por el P. Pío con los ojos limpios por el llanto, con ojos claros. Las intervenciones que limitaban su obra, no significaban misión impedida, hijos disper– sos, almas abandonadas. Para él significaban mayor dolor y por lo mismo más redención. También este decenio tormentoso era para él parte de la "grandísima misión" que debía cumplir. Si los grupos de devotos que subían a San Giovanni Rotondo fueron menguando durante este decenio, creció el bien que de aquel pueblecito del Gargano descendía sobre el mundo. En el silencio y en el dolor el P. Pío seguía dando al mundo: no sus palabras, ni sus abluciones, sino sus lágrimas, sus misas, sus plegarias. Estaba demostrando con su vida lo que enseñaba a otros: "Haz que no turbe tu alma el triste espectáculo de la injus– ticia humana; también ésta tiene su valor en la economía de las cosas". Aunque manejado por el maligno, no fue éste un decenio estéril y mucho menos "maldito". Fue fecundo en proporción del sufrimiento aceptado y ofrecido. ¿El P. Pío en el decenio 1923-1933? En los años 1926-1931, período de relativa tranquilidad, el padre - como siempre-- trabajó mucho, sobre todo en el minis– terio de las confesiones y en la dirección de almas. Luego, del 11 231

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