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Fuerte y confiado La actitud del P. Pío en la tormenta del decenio 1923-1933 nos la describe su confesor y director espiritual el P. Agustín. Este, desde 19 l9 a l923, y de l925 en adelante se "trasladó repe– tidas veces a San Giovanni Rotondo. De octubre de 1923 a sep– tiembre de 1925 estuvo allí de residencia. Al lado del sufrimiento de ver en su propia alma nada mas que tinieblas y oscuridad, de sentirse menesteroso de oraciones para convertirse de verdad, de preguntarse si el Señor estaba contento con él, de angustiarse en cuanto hacía por miedo a que no fuera del agrado de Dios, del temer por su salvación eterna y del temor de la muerte por la incertidumbre de estar en gracia, se añade -en el alma del P. Pío- el sufrimiento por las órdenes que afligen a sus superiores y compañeros, que le privan de algu– nas libertades en su vida espiritual y en su actividad ministerial. Privado de la dirección espiritual del P. Benito, el P. Pío quedó "amargado, pero se sometió con santa resignación a lo dispuesto". 1 de julio de 1931: "Encontré al P. Pío muy abatido. En cuanto nos encontramos juntos en la celda se puso a llorar. .. Le dejé así unos minutos ... Me dijo que sentía profundamente aque- lla prueba inesperada... "Pero es por las almas por lo que yo siento el dolor de la prueba", me dijo. 24 de julio de 1931: "Le encontré muy aliviado, gracias a Dios. -¿Qué tal estás estos días? Me confesó: -Rezo, estudio en cuanto puedo y.. . doy guerra a mis compañeros. - ¿ Y cómo así? - Bromeo como antes y hasta mejor. Luego añadió: los primeros días de la terrible prueba me encontraba mal. Pero el Señor me sostuvo y me adapté al nuevo ambiente". 8-15 de agosto de 1931: "Encontré al padre muy resignado, si bien oprimido por la nueva prueba. Pasa la mayor parte del tiempo en el coro en santa meditación... Lo sufre todo con forta– leza. Las llagas siguen sangrando, sobre todo la del costado". 24 de septiembre de 1931: "Soporta con ánimo y confianza su encarcelamiento, como él lo llama; reconoce en ello la voluntad de Dios y la quiere aceptar y la acepta de buena gana. Cierto que sufre mucho, porque está muy enamorado de las almas, pero ofrece a Jesús sus sufrimientos y ora en su destierro". 227

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