BCCCAP00000000000000000000448

El padre: -Si existe esa orden, no puedo hacer otra cosa sino cumplir la voluntad de mis superiores. Soy hijo de obediencia. El alcalde: -¿ Y va a dejar a su pueblo? La emoción les obligó a estrecharse en un abrazo. Quería ser el adiós, el abrazo de la separación -ciertamente dolorosa- de San Giovanni Rotondo, el abrazo de la separación de su pueblo, que le amaba y que llevaba cinco años luchando por él, por su permanencia en el Gargano, por su libertad para hacer el bien. Para atenerse a las disposiciones que le llegaban de arriba, el general de los capuchinos, P. José Antonio de Persiceto, el 30 de julio de I923 tenía redactada una obediencia, es decir, la orden de que el P. Pío se trasladase a Ancona. La obediencia iba dirigida al P. Luis Avelino, vicario provincial, el cual, un día de la primera quincena de agosto de 1923, subió a San Giovanni Rotondo. Lo refiere el mismo P. Luis: "Avanzada la tarde llamé al P. Pío a mi cuarto, le presenté y le leí la obediencia, indicándole que se pusiese a mi disposición... El P. Pío inclinó la cabeza y con los brazos cruzados me contestó: -Estoy a sus órdenes. Marchemos en seguida. Cuando estoy con el superior estoy con Dios. Luego añadí: -¿Querrás salir ahora conmigo? Está avanzada la noche. ¿A dónde iremos? -No sé, voy con usted cuando y donde lo disponga su pater– nidad. Era medianoche". El mismo P. Luis refiere el contenido de una carta, escrita por el P. Pío el 23 de agosto de 1923: "No creo que sea necesario que le diga cómo, gracias a Dios, estoy dispuesto a obedecer a cual– quier orden que me venga de mis superiores. Su voz es para mí la voz de Dios, a quien quiero serle fiel hasta la muerte. Y con su ayuda obedeceré a cualquier mandato por penoso que pueda resultar a mi miseria". Un día don Pepito Orlando le dijo al P. Pío que se le acusaba de desobediente a las órdenes de los superiores sobre dejar San Giovanni Rotonda. El padre cayó de rodillas: -Pepito, te juro por aquel Cristo crucificado que está sobre mi mesa, que nunca he recibido semejante orden. Si mis superio– res me mandan tirarme por la ventana, lo hago sin discutirlo. Era verdad que una "orden" de dejar San Giovanní Rotondo, el P. Pío no la había "recibido nunca". Pues el mismo P. Luis, al 225

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz