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Interviene el Santo Oficio Una declaración del Santo Oficio - la primera- apareció en el boletín oficial de la Santa Sede en 1923. Fechada el 31 de mayo, informaba que se había llevado a cabo "una encuesta sobre los hechos atribuidos al P. Pío en Pietrelcina" y declaraba que, en conformidad con la encuesta, "no consta de la sobrena– turalidad de tales hechos". Por consiguiente exhortaba a los fieles "a atenerse en su modo de comportarse a esta declaración''. Al mismo tiempo le llega al P. General, con fecha del 28 de junio de 1923 , una carta del P. Pedro de Ischitella, provincial, dando cuenta de la agitación reinante en San Giovanni Rotondo. En efecto , el 25 de junio había ocurrido una revuelta popular, una "soberbia manifestación", que protestó contra las medidas tomadas. En un telegrama enviado al P. Provincial, los ciudada– nos y las asociaciones reunidas en concejo se declaraban "dis– puestos a no cejar mientras no triunfase la justicia". Se tuvo que pedir a las autoridades "que vigilasen día y noche en torno al convento por temor de que el P. Pío fuese llevado de aquí". Lo que había soliviantado al pueblo habían sido ante todo las dos medidas: el proyecto de traslado y la prohibición al P. Pío de celebrar la misa en público. El superior del convento de San Giovanni Rotondo, P. Ignacio de Ielsi, escribía al provincial estos días: "U na avalancha de tres mil personas, acompañada de mú– sica y de las autoridades civiles y militares, subió hasta el conven– to, pidiendo seguridades tanto acerca de la no remoción del padre como en lo de celebrar la misa en público. El alcalde y otras autoridades del pueblo vinieron al convento a persuadirme de que suspendiera la ejecución de la orden". Intervino el gobernador de Foggia, suplicando al provincial que permitiese al P. Pío vol– ver a celebrar en público "para no causar nuevos disturbios del orden público". El provincial daba cuenta de lo delicado de su situación, "en– tre el deber de ejecutar lo mandado y la imposibilidad de enfren– tarse con el fanatismo de un pueblo entero, dispuesto a toda clase de violencias". Declaraba que estaba "en espera de órdenes y consejos". Mientras tanto, desde el 26 de junio de 1923, invitado por los superiores, el P. Pío volvió a celebrar en la iglesia, "a fin 219

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