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en el mundo. No por ser distinto el rito litúrgico, ni por una interpretación distinta, sino porque renueva la pasión del Naza– reno, convirtiéndose en una Hostia viviente. La mayor parte de los fieles asiste a misa sin conocer su verdadero significado; sabe vagamente que el sacerdote renueva la pasión del Señor, pero desconoce las partes de la misa. Asistiendo a la misa del P. Pío se captan las diversas partes y se toma parte en los momentos más relevantes de la misma... Su sobrenaturalidad se manifiesta ante todo en la consagra– ción. Es entonces cuando el padre no parece ya de este mundo. Con el cuerpo está aquí, pero con el espíritu está próximo a Jesús, porque parece que le hable y que llore y sufra por El. Gruesas lágrimas resbalan por sus mejillas y de su garganta salen sollozos ahogados y reprimidos... Es un alma doliente que ruega por las criaturas dolientes". Otro testigo ocular, el abogado Salvador Corrías se atreve a escribir: "La misa del P. Pío es indescriptible. Es preciso verla. Se sienten, sobre todo por quienes van en busca de un nuevo camino que lleve a Dios, emociones nunca sentidas, que exaltan, turban, confortan... El, durante la misa - breve y larga a un tiempo: larga por la duración, que va más allá de lo normal; breve, por– que, al terminar, uno se pregunta por qué las palabras de despe– dida han interrumpido tan elevado goce espiritual, que se desearía continuase- digo que durante la misa llega un momento en que se aleja de lo terrenal que le rodea, y cuando eleva la Hostia entre sus dedos puros, se queda inmóvil, estático, raptado en la visión de Alguien al que nosotros no vemos... Sereno en el rostro, parece que a veces aflora una levísima sonrisa de una contenida alegría más que humana, mientras una lágrima cae por su rostro absor– to... Cuando tiene que arrodillarse, sólo puede iniciar el acto de reverente genuflexión. Las llagas de los pies, siempre abiertas, se lo impiden. "Podéis ir en paz". El coloquio con Cristo ha termi– nado o, mejor, se ha interrumpido. Lo proseguirá en su oración en favor de los pecadores. Su bendición, con la que termina la misa, es para todos una bendición de serenidad, de esperanza, de fe, para el camino que hemos de recorrer. Lentamente, sostenido por un servicial religioso, desaparece por el lado derecho del altar. En la sacristía.. . se sienta delante de un crucifijo, en devoto recogimiento para dar gracias: por él mismo y por nosotros". Vaya otro intento de describir la misa del P. Pío: "Si la misa 198
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