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Estigmatizado cada mañana Nos estamos adentrando en el interio del P. Pío con el fin de captar alguna de las vibraciones de gozo y de dolor que le hacían sobresaltarse en alma y cuerpo en el altar, antes de la misa, durante ella e inmediatamente después de celebrar. Las tentaciones que le asaltan de ver lo pecaminoso de su vida antes de ser religioso, le acompañan en el altar y le hacen sufrir. Con todo, encuentra fuerzas en el Cristo que tiene entre las ma– nos. Ya el 19 de marzo de 1911 escribía desde Pietrelcina: "Incluso al subir al altar... siento esos asaltos, pero tengo a Jesús conmigo. ¿Qué he de temer?". Juan Gigliozzi descubrió al P. Pío como sacerdote que se cree pecador: "Cuando reza el confiteor y se golpea con violencia el pecho, el P. Pío parece querer hacer resal– tar toda la indignidad y la nada de la condición humana frente a los dones excelsos del Omnipotente. Su mea culpa seguido del golpe sordo del puño en el pecho, antes de entrar de lleno en la misa, quiere dar a entender la conciencia de nuestra miseria y el aniquilamiento del espíritu frente a la misericordia de Aquel que no se desdeñó de rebajarse hasta el límite de la naturaleza humana para ser nuestro Redentor". Celebrada la misa, brotan suaves coloquios en el Huésped y lágrimas felices en el rostro. El P. Pío comunicaba todo esto desde Pietrelcina el 18 de abril de .1912: "Terminada la misa, me entretuve con Jesús en la acción de gracias. Qué dulce el coloquio mantenido con el paraíso esta mañana. Fue tal que, aun preten– diendo querer decirlo todo, no podría... El corazón de Jesús y el mío, permítame la expresión, se fusionaron. Ya no eran dos los corazones que palpitaban, sino uno solo. Mi corazón había des– aparecido como una gota de agua que se pierde en el mar. Jesús era allí el paraíso, el rey. El gozo en mí era tan intenso y profundo, que no me pude contener más: las lágrimas más deliciosas me inundaron el rostro". Pretender unirse a Jesús en la comunión de la mañana es morir "de ansia". Desde Pietrelcina escribía el 29 de marzo de 1911 : "Lo que más me hiere.. . es pensar en Jesús sacramentado. El corazón se siente como atraído por una fuerza superior antes de unirse a él por la mañana en el sacramento. Tengo tanta hambre y sed antes de recibirle, que poco falta para no morir de 192

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