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él celebraba y yo estaba arrodillado al pie del altar.. ., las fibras más íntimas de mi ser vibraron con sentimientos de emoción y de dulzura, como no los había experimentado nunca". Nino Salvaneschi nos ha dejado esta página sobre la misa del P. Pío: "Nunca un hombre de Cristo pudo haber celebrado con mayor sencillez, a ejemplo de Cristo cuando rezaba en Galilea. Palidísimo, los ojos medio cerrados como el que está viendo una luz demasiado intensa, el P. Pío dice la misa como si llegase de una humanidad superior a la nuestra, celebrando en aquel altar sencillo y casi tosco, a través de una atmósfera de otra vida. Y a su derredor, la gente de San Giovanni Rotondo llena la iglesia con un rumor como de mar agitado por el ábrego... Y la gente se arracima a oleadas casi hasta debajo del altar, hasta las gradas, en las que muchas veces se han arrodillado para ayudar a misa varios obispos... Y la multitud rodea el altar de la mística misa, como un inmenso rosal de sufrimientos humanos... Y ésta era la misa que el P. Pío decía al pueblo de aquella cam– piña quemada por el sol de la Pulla, batida por el viento del Adriático;.la que decía también a los que llegaban de lejos, de las ciudades de Europa y de América... No cabe duda. Este hombre, · .. cuando dice la misa, está verdaderamente con Dios". Alberto del Fante, que asistió a la misa del P. Pío, nos ha dejado sus impresiones: "No era.el sacerdote corriente que dice la misa; era un alma apenada, que llevaba a cabo la renovación de la pasión de Cristo... Nadie respiraba, no se oían ni las pisadas, ni el ruido al mover las sillas. Todos tenían el alma en vilo... Hay que haberlo visto para poder tener una idea exacta. No es posible describirlo exactamente". La civilta cattolica escribía acerca de "la famosa misa del P. Pío. No la olvida quien una vez la ha visto: tan viva era la impresión de ver cómo se anulaba toda distancia de tiempo y de espacio entre el altar y el Calvario. La Hostia divina, levantada por aquellas manos, volvía sensible ante la mirada de los fieles la unión mística del sacerdote celebrante y el Sacerdote eterno. A su vista hasta los que habían acudido por curiosidad quedaban pro– fundamente afectados". La misa del P. Pío le hacía tomar parte en el drama del Calvario. Significaba para él revivir diariamente aquel dolor que le había traspasado el alma y el cuerpo la mañana del 20 de septiembre de 1918. La misa era su diaria estimagtización. 191
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