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prolonga el viernes santo: proclama el perdón a los penitentes y, después , se ofrece víctima por ellos. Cristo en la cruz, pide al Padre que perdone y otorga él mismo el perdón a los que le reconocen inocente. Luego entrega su vida al Padre como precio del perdón. Al P. Pío no hemos de buscarle fuera de aquí. O en el confe– sonario o en el altar. Es aquí donde se le encuentra; o cerca de los pecadores, a los que absuelve, o cerca de Cristo, que en la misa se ofrece por los pecadores. Su misión de salvar y santificar el P. Pío la realiza en el confesonario y en el altar. Desde su primera misa, solemne, can– tada en Pietrelcina un domingo, 14 de agosto de 1910, hasta la última misa cantada, a las cinco del 22 de septiembre de 1968 en San Giovanni Rotondo. "La santa misa y la confesión -escribe el Cardenal Conrado Ursi- forman el centro del testimonio del P. Pío. Y las peregri– naciones, comenzadas apenas pasados nueve años de su ordena– ción sacerdotal, tenían como meta, más que la humilde figura del fraile , el altar y el confesonario, en un ansia de renovación espi– ritual cristiana". Ante ese desplazamiento del mundo hacia el P. Pío, el papa Pablo VI se preguntaba: "Mirad cuánta fama. Qué clientela mun- . dial ha reunido en torno a sí. ¿Y por qué?". Y él mismo precisó la respuesta: "¿Acaso porque era un filósofo, un sabio, porque poseía bienes? Fue porque decía la misa con humildad, porque confesaba de la mañana a la noche". El mismo P. Pío nos aclaró lo que eran él y su misión cuando fue interrogado por una hija espiritual: -Padre, ¿qué es usted para nosotros? Y él contestó: -Entre vosotros soy un hermano; en el altar, víctima; en el confesonario, juez. El fraile crucificado del Gargano subía al altar como al propio Calvario, para recoger los tesoros de la redención, los que luego distribuía en el confesonario. En el altar vivía el misterio de la muerte y resurrección de Cristo. En el confesonario hacía revivir ese mismo misterio como salvación y gracia. La Eucaristía es el lugar teológico del sacramento de la penitencia. No hay medio de comprender el hecho del P. Pío si no se entra en el misterio de su misa, en la que vivía la pasión del Señor. "Viviendo así en su vida la pasión del Señor -son pala- 188

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