BCCCAP00000000000000000000448

El don terrible de escrutar las conciencias El Señor concedió al confesor de San Giovanni Rotondo esta gracia, a fin de que sufriese más al darse cuenta incluso de peca– dos no confesados, y para mover a los pecadores a penitencia. Hubo quien le preguntó cómo es que sabía todo lo que pasaba en el alma. El le contestó simplemente: -Os conozco por dentro y por fuera como vosotros os conocéis en el espejo. He aquí un episodio que tuvo por protagonistas al P. Pío y a un seminarista del colegio de San Giovanni Rotondo, del que era director. Sucedió un jueves, cuando acompañaba a los colegiales a paseo, desde el convento a la carretera nacional de San Giovan– ni Rotondo-Borgo Celano. "El Padre -es el relato vivo de uno de aquellos colegiales- aquel día estaba sumamente triste. La tristeza del padre y nuestra curiosidad nos hacían preguntar con insistencia. Por fin, el padre rompió a llorar y dijo: "Uno de vosotros me ha traspasado el corazón"... Creció con ello nuestra curiosidad y vencimos. El ,P. Pío, que se puso muy serio, nos dijo: "Esta misma mañana uno de vosotros ha hecho una comu– nión sacrílega. Ypensar que yo mismo se la di en la misa conven– tual". Ante estas palabras uno de nosotros (cuyo nombre recuerdo) cayó de rodillas llorando: "He sido yo". Quedamos aplanados y aterrados. Pero el padre, poco después, hizo que se levantase el que estaba arrodilladó, nos mandó alejarnos y se quedó con nuestro compañero culpable. Caminaron un poco juntos, luego se detuvieron, apoyándose en la barandilla de un puentecillo y se confesó el sacrílego, que con sus lágrimas pedía la gracia de la absolución". -Para usted no tengo tiempo -dijo a una señora inglesa, arrodillada ante su confesonario. Aesas duras palabras cerró con violencia la ventanilla. La mujer, humillada sobremanera, durante veinte días volvió a la rejilla, implorando que la confesase. Otras personas intervinieron también a su favor. Finalmente la acogió con estas palabras: -Pobre ciega. Le explicó que, más que lamentarse de su severidad, debía haberse preguntado cómo la misericordia divina la había sopor– tado "después de tantos años de sacrilegios". Ycomenzó a contar 184

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz